Narrativa 6

La última vez que Isabel se sintió segura fue la noche anterior de la muerte de su madre. En esa noche Isabel pudo dormir segura nuevamente. No sintió frio ni miedo en la casa del señor Juan. El sol ya había amanecido cuando Isabel fue despertada por una aroma tan agradable que le recordó a su madre. Al levantarse Isabel se dio cuenta de que la señora Ester ya estaba preparando el desayuno. Las tripas de Isabel le empezaron a sonar aun más al oler los huevos fritos con frijoles.

La señora Ester ya tenía el desayuno listo y toda la familia se sentó en la mesa. Isabel, vergonzosa, se arrimo a la mesa y tomo su lugar. El señor Juan y la señora se tomaron de la mano y luego tomaron la mano de Sarai. Confundida, Isabel siguió los pasos y obtuvo la mano de Sarai y la señora Ester. La familia entonces empezó a dar gracias a Dios por el alimento. Mientras el señor Juan hablaba, Isabel vio que todos tenían los ojos cerrados. Nunca había Isabel sentido lo que ocurría en ese momento. Por primera vez, Isabel se sintió parte de una familia. Aun cuando su madre preparaba la comida, no había tenido esa experiencia. Su padre siempre insistía en comer en la habitación en frente del televisor que en la mesa.

Pasaron los días e Isabel seguía viviendo en el hogar del señor Juan. Una noche Isabel tuvo una pesadilla. Soñó que se encontraba nuevamente en la calle y que se topaba con su padre. El padre entonces trataba de llevarla a fuerzas y Isabel, con todo lo que podía, le daba una buena batalla. Cuando logro liberarse, corrió lo más lejos y más rápido que podía. Fue entonces que despertó con el rostro mojado y demasiado calor. Isabel tenía tanta sed pero mejor se aguanto porque tenía miedo salir de debajo de la cobija. Se quedo casi dos horas acostada en la oscuridad, que para ella era como una eternidad. Fue entonces que escucho unas voces hablando en el fondo hacia la recámara. Isabel pudo reconocer que las voces pertenecían al señor Juan y su esposa.

— No se qué vas a ser Juan pero el bebé está a punto de nacer.

–¿Pues qué quieres que haga? ¿Echarla en la calle?

— No podemos tenerla más aquí. ¡Lo que ganas no es suficiente para cuatro y mucho menos cinco!

Isabel, atónita, sabia de que discutían por causa de ella. No quería que esta familia hermosa se destruyera por causa de ella. Para Isabel, la familia es lo más valioso que una persona puede tener. Desgraciadamente, Isabel no ha podido disfrutar de eso hasta que el señor Juan la acepto en su casa. Ya no se sentía como parte de la familia. Más bien, se sentía como un estorbo. –¿Qué hago aquí?—se preguntaba en sí misma—esta no es mi familia y nunca lo será. Sin tener otra opción, la niña tendió sus cobijas y salió por la puerta.

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