Narrativa 7

Isabel se fue sin despedirse de la familia del señor Juan. Esa noche era la última noche que los había visto. Nunca volvió a escuchar de ellos ni ellos de ella. Al igual de su padre. Todavía estaba pensando en la pesadilla que había tenido. Tenía miedo de que se convirtiera en verdad.

Isabel no era fanática de la oscuridad. Nunca había dormido sola en una recamara y mucho menos andado por las calles en la noche. Estaba aterrorizada por todas las sombras que venían de los arboles. Estaba segura de que la estaban persiguiendo sin saber que tan solo era el viento. De pronto empezaron haber señales de una tormenta. Empezaron a salir relámpagos y el viento se puso más furioso. Isabel recordaba que siempre que venía una tormenta, su madre la consolaba en sus brazos. Empezó a descender la lluvia sobre ella y fue entonces que Isabel empezó a correr para buscar un refugio pero sus sandalias estaban muy resbalosas. La lluvia cayó con más furor e Isabel se impulso a correr aun más rápido y sin darse cuenta, se le reventó la cinta de la sandalia y cayó al piso.

Isabel fue despierta por los rayos del sol que entraban por la ventana de la habitación. Confusa en donde estaba, Isabel empezó a mirar alrededor pensando en cómo podría haber terminado en ese lugar. Al principio creo haber tenido una pesadilla grande de cual se había despertado; Todo desde la muerte de su madre hasta la tormenta en que estuvo.

–¿Ya te despertaste? Qué bueno. Me llamo Marcela Rodríguez. Soy la directora de este lugar. ¿Me podrías decir cómo te llamas para avisarle a tus papas donde estas? Deberían estar muy preocupados por ti.

–Me llamo Isabel y mi mama se murió y no sé nada de mi papa. ¿Cómo llegue aquí?

–Una señora te encontró afuera chorreada y temblando de frio. Esa persona le llamo a la policía y la policía te trajo aquí. ¿No te recuerdas de nada? Bueno, hasta que tengamos a alguien que te cuide te podrás ir pero por mientras te quedaras aquí. No te preocupes porque ya no vas a tener que vivir en la calle. Aquí tendrás que comer y un lugar donde dormir.  

Isabel no tenía ni la menor idea de lo que acaba de ocurrir. Lo único que le importaba era de que ya no tendría que dormirse afuera ni preocuparse de que comer. Estaba feliz de estar allí pero aun extrañaba lo que sintió en la casa del señor Juan.

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