Narrativa 8

Después de estar internada en el orfanato La Casa de Esperanza por aproximadamente dos años, Isabel aprendió a conmover con otros niños. El año pasado Isabel tuvo una fiesta de cumpleaños en el orfanato con los demás niños. La directora le había regalado una muñeca que tenia ojos de canica y cabello rizado. Le recordaba mucho a Sarai, la hija del señor Juan. Desde entonces Isabel volvió a seguir con la ilusión de que algún día tendría su propia familia como la de Sarai.

El cumpleaños de Isabel se acercaba cada día; faltaba solamente una semana. Isabel siempre tenía ese deseo de tener una nueva familia, especialmente una madre que la acariciara como su madre principal.

–¿Qué te gustaría tener en este año para tu cumpleaños Isabel?—le pregunto la directora. De todos los niños del orfanato, la directora admiraba más a Isabel. No sabía porque pero ella veía algo especial en ella. Siempre trataba de darle una familia pero la mayoría de la gente buscaba a alguien de edad menor, preferible a un bebé.

–Quiero a una familia—Respondía Isabel cada vez que le preguntaban.

Cuando Isabel despertó se dio cuenta de que las demás niñas ya se habían levantado y tendido sus camas. Se levanto apresuradamente, tendió su cama, se cepilló el cabello y los dientes, y se vistió; esas eran las reglas del orfanato cuando uno se levantare. Salió corriendo de su recámara hacia el salón de estudios y cuando llego a la puerta encontró a la directora.  

–Ve empaca tus cosas Isabel. Ya no estarás viviendo aquí—le ordeno la directora con seriedad.

–Perdóneme señora Rodríguez. Es que me levanté tarde. No lo vuelvo hacer—le contesto Isabel

–Le ordené que vaya empacar sus cosas. Después regresa al salón—le contesto la directora sin misericordia.

Isabel regreso a su recamara y con lagrimas en los ojos alzo toda las cosas que tenia incluyendo su muñeca. No podía creer que se iba ir sin despedirse de los demás niños. Cuando llego al salón, la directora no estaba por ningún lugar. Cuando Isabel habrio la puerta del salón se encontro una gran sorpresa. Todo el salón estaba decorado con globos y cintas brillantes.

–¡Feliz cumpleaños!—le gritaron todos los niños.

Isabel no podía creerlo. Nunca había tenido una fiesta así.

–Perdóname por ser tan dura contigo Isabel. No quería soplarte tu sorpresa. La razón porque te hice empacar tus cosas es porque ya no estarás viviendo aquí. Estuve buscando por todos lados y por fin encontré lo que más deseabas en este mundo.

De pronto vino una pareja con una cajita en sus manos. Cuando Isabel abrió la cajita no podía contener sus lágrimas. Dentro de la cajita había una carta que decía Bienvenida a nuestra familia con una pulsera de amuleto.

–Cada amuleto representa las características que uno tiene que tener en una familia—le dijo la pareja. La pareja decidió adoptar a Isabel en el momento que vieron su retrato. No había necesidad de conocerla antes de que hicieran su decisión.

Isabel estaba atónita. No podía parar de llorar de gozo. Abrazó a la señora Rodríguez y se despidió de todos los niños. Después de tantas desgracias, Isabel pudo disfrutar de su nueva vida.  En el primer momento que vio a sus padres, Isabel reconoció que su vida finalmente se hizo en realidad.

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